jueves, 30 de junio de 2016

Mi visión de la castidad


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Aportación para el blog: Parece que la naturaleza haya dotado al macho de una "superioridad" que tiene su reflejo en el apareamiento en tanto que, las especies animales en general, la hembra está debajo y el macho la cubre en una posición superior o dominante. Pero ello ocurre en el mundo animal y la especie humana ha evolucionado (algunos lo ponen en duda) y, en el mejor de los casos, igualando esta situación de desigualdad entre sexos. Creo que, en este sentido, deberíamos dar un paso más y hacer de la hembra el género dominante. El traslado al terreno sexual de esa supremacía debería ser su dominio absoluto del placer y el control total del mismo. La forma de controlar al macho es la imposición de la castidad. Cuando el macho eyacula suele perder todo interés por la hembra y, para evitarlo, la castidad es el primer paso que permite controlar al hombre. Existen otras prácticas como los castigos que también ayudan, pero es la castidad su máximo exponente y, además, permite añadir al tormento de no poder eyacular, la posibilidad de que cuando se le permita hacerlo, no goce de ese placer tan deseado mediante las conocidas técnicas del orgasmo arruinado. En definitiva, el hombre no debería tener ningún tipo de satisfacción sexual que no fuera procurar a la mujer el suyo máximo.

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