lunes, 15 de junio de 2015

¿Son necesarios los dispositivos de castidad para el control de la castidad?

Los cinturones de castidad para hombres están cada vez más presentes en muchas parejas. Se pueden encontrar con facilidad a través de páginas web o bien en sex-shops. 
 ¿Son imprescindibles para la práctica del control de castidad? Pues, definitivamente, No; se trata simplemente de un juguete, que forma mucho más parte de una fantasía o del morbo que ofrece a algunos varones que sienten la necesidad de controlar sus masturbaciones.
Para practicar la castidad masculina, solo se requiere voluntad, y ceder el permiso de eyaculación a la pareja, que pertenezca por completo a ella, y eso se consigue con un buen entrenamiento. Él solo eyaculará como y cuando nosotras le digamos, y es él el que se debe controlar si realmente quiere que lo controlemos, él debe decir cuando está cerca de su límite y parar. Sin la voluntad clara, firme y decidida del hombre es a todas luces imposible practicar el juego del control de castidad. Si buscamos por internet encontraremos todo tipo de ideas fantasiosas, y estereotipos prefijados de antemano sobre este estilo de vida, pero si lo piensas bién y valoras la información podrás ver que no vas a necesitar para nada el uso de este tipo de aparatos para imponer tu voluntad y tu control sobre la eyaculación de tu hombre, ni tampoco es necesaria la humillación ni la dominación femenina ni ninguna de estas prácticas sexuales. Simplemente la franqueza y la honestidad son suficientes para esta práctica.
Una clara deslealtad hacia nosotras es que nuestra pareja se masturbe a nuestras espaldas es tan innegable como grave. No está de más, por tanto, insistir en que si un hombre no puede someterse al compromiso de la abstinencia sexual individual, mejor que vaya pensando en otra forma de vida, pero eso no es una vida de pareja sana. Incluso en aquellos hombres donde su impulso por masturbarse les resultase irrefrenable, cabria de otras soluciones por ejemplo mediante castigos, que podrían suplir al mejor aparato de castidad con creces. Ahora bien, que nuestro hombre no necesite de algunos ingredientes divertidos para no eyacular cuando lo tiene prohibido, no significa que los aparatos de castidad resulten inútiles. Por eso su uso está bastante extendido entre las parejas que practican el juego de la castidad masculina. En realidad, su uso se ha extendido por motivos muy diferentes a la idea que inspiraron en la antigüedad a sus inventores. Hoy en día su uso se fundamenta, principalmente, en el morbo.
Entre los principales motivos que justifican su uso cabria enumerar los siguientes:
El ya nombrado del morbo. Es indudable que produce un morbo añadido el hecho de ver enjaulados los genitales de nuestro hombre, es un elemento más con el que se le explicita, que ha cedido el control de sus orgasmos. Cuando un hombre acepta colocarse y llevar este tipo de aparato, creo que sobran las palabras,…. Irremediablemente nos está diciendo que su eyaculación no va a ser lo más importante. También significa que está dispuesto a prestar toda su atención a la hora de proporcionarnos placer. Es una muestra de que su virilidad nos pertenece, y permanece encerrada hasta que nosotras decidamos disponer de él. En definitiva, nosotras somos las únicas que tenemos la llave de su placer para nuestro placer en nuestras manos.
Desde la perspectiva de nuestro marido o pareja, el hecho de verse con sus órganos genitales encerrados en un aparato de castidad, le recordará muy a menudo su situación de dependencia, y de compromiso en no masturbarse, ni tocarse sin nuestro permiso. Inevitablemente él va a sufrir erecciones que no podrá terminar de completar por la opresión del aparato…., pero son tolerables y encienden aún más de pasión hacia nosotras.
Si el aparato es impuesto por nosotras; va a contribuir y mucho en su proceso de estimulación. También contribuirá en su proceso de servicio, ya que como nada puede hacer por aliviarse de esa opresión a no ser que nos convenza de alguna manera para que le liberemos, sin pedirlo va ha comenzar a hacer tareas del hogar, o lo que nosotras sugerimos de forma sútil, así como regalos, halagos y un sinfín de atenciones. La cuestión es más psicológica más que física, pero la verdad es que el juego psicológico es muy importante para ambos. el hecho de que una mujer coloque con sus propias manos el aparato a su marido tiene una carga emotiva para el hombre muy grande y sobre todo el no saber hasta cuando su pareja decidirá quitárselo le sume en un cúmulo de sensaciones indescriptibles, sorprendentemente sentirá el placer de dar placer. Y eso es lo que se debe buscar en su utilización, que el hombre viva de una forma real su castidad. Mi postura creo que es clara, solo debemos buscar el morbo de estas situaciones sin pretender mortificar a nuestro hombre con imposiciones del aparato de castidad durante mucho tiempo, los periodos deben ser lo mas cortos posibles, en general horas, o por ejemplo, limitarlo al tiempo en que esté en casa.
Si el aparato deja de ejercer su carga psicológica para convertirse en algo no deseado por el hombre, entonces debes replantearte su uso, no es posible. El hombre se lo podrá quitar si realmente no quiere llevarlo.
Desde la perspectiva de la pareja, son múltiples las ocasiones que puedes encontrar para enjaular a tu hombre y crear una situación morbosa. sobre todo cuando salís de copas o simplemente a cenar con unos amigos. Por sus especiales características suelen ser inapreciables desde el exterior, pero constituirá para los dos un recordatorio en vuestra relación.
Como ves los aparatos de castidad se utilizan de diversas formas y con diferentes intensidades según las preferencias de la pareja. Algunas parejas mantienen a su hombre casi permanentemente enjaulado durante períodos de tiempo largos, y les liberan muy de vez en cuando para obligarles a masturbarse u ordeñarles por medio del masaje de la próstata. En otros casos, las mujeres prefieren utilizarlos por temporadas, que pueden prolongarse de una a varias semanas, alternándolos con otras en las que el hombre no los lleva. Hay quien los utiliza, como castigo para el hombre cuyo comportamiento necesita ser corregido. Otras, cuando su hombre va a permanecer varios días fuera de su control, por ejemplo un viaje de negocios, una cena de empresa, o despedida de soltero o soltera, etc. Sea como sea, o cual sea el uso que quieras darle, creo que lo que debes buscar en este tipo de aparatos es la complicidad con tu hombre y sobre todo el morbo que este tipo de artilugios pueda aportar a vuestra relación como pareja. Por lo tanto yo defiendo y apruebo el uso del cinturón de castidad como un medio para añadir morbo en la relación de pareja, y no comparto la postura de que sea algo necesario para mantener casto al varón, no creo en la efectividad de este como imposición de una castidad obligada, porque entonces no ejerce la función de añadir morbo a la relación.
El juego de la castidad masculina ofrece morbo en su máxima expresión y por eso los aparatos de castidad, por su alta utilidad morbosa, tendrían que formar parte del conjunto de múltiples artilugios que se guardan en el armario de una pareja estable y consolidada. Negar sus funciones, utilidades y múltiples usos dentro de nuestro juego es como negar la castidad en sí misma. No podrás experimentar lo que he explicado si no adquieres uno y pruebas a introducirlo como otro elemento más en tu relación, puede que sea un fracaso total o puede que encuentres en el a un buen aliado del juego erótico. No te gustaría ver cuales son sus reacciones?. Tu misma no quieres experimentar este juego?. Para abandonarlo siempre estarás a tiempo.

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