sábado, 20 de junio de 2015

Dos años sin orgasmo.

Durante casi un par de años, tan solo he tenido orgasmos cuando, como y donde ella ha querido, hace mes y medio me dio carta blanca, supongo que porqué ya estaba acostumbrado a no masturbarme nunca, pero durante ese periodo me estaba permitido todo, incluso la consolación onanística, pero sorprendentemente, a pesar de haberlo deseado hace tiempo no me interesó hacerlo, esa etapa de mi vida con masturbaciones ya terminó. Ella es una amante del control de los orgasmos, supongo que lo encuentra algo especial, es una forma de prolongar mi excitación sobre ella, de conseguir centrar mi atención sobre ella y en nadie más, de someter mi necesidad a su placer femenino.
Esta práctica del control de mi castidad comenzó suavemente casi con ternura diría yo, pero poco a poco fue aumentando, tanto la presión del control como distanciando el goce de los orgasmos, llegando hasta superar las cuatro semanas, 28 días ( sí, llevaba la cuenta, que remedio). De vez en cuando incluso llega a torturarme un poco más, comienza a masturbarme y cuando estoy cerca del borde de un orgasmo le digo que pare y frena en seco. Nunca hemos usado ningún tipo de cinturón de castidad. Ni los hemos comprado ni los necesitamos. Al menos yo.
Un pequeño juego que tenemos en el que ella me dice, hoy y ahora vas a tener un orgasmo, te voy a masturbar varias veces y en una de ellas será recompensada con un orgasmo... pero no se cual será…juegas… Digo sí, por supuesto, estoy ansioso, comienza a jugar sobre mi pene y a masturbarme, cuando estoy al borde del orgasmo le digo que pare y para en seco y me deja descansar un rato y vuelve a preguntarme. ¿Quieres volver a intentarlo? Mi ansias de orgasmo dicen sí, en la esperanza de que sea el momento de recibirlo, repite el proceso de masturbación…. y el juego prosigue, tan solo una vez me lo ha concedido, y fue a la sexta vez. Normalmente paramos a la octava vez cedo, no resisto más mi pene queda dolorido durante un buen tiempo y tengo que descansar quedándome con las ganas de eyacular. La verdad es que lo que consigue es que cada vez la adore más y cada vez añoro menos eyacular, siento que no lo necesito. Mi mente, según pasan los días desde la última vez, se centra cada vez más en ella, noto como la atiendo más, como la cuido y mimo con mayor fervor.
Mi pene entra en semierección nada más oír su voz, nada más verla, consigue con el más mínimo roce sobre mi cuerpo llevarme a cotas cercanas a un paroxismo extremo. Cuando ella decide hacer el amor, no he de preguntar si me esta permitido gozar o no, ella ha decidido que no tenga orgasmos nunca; en un primer momento me permitía disfrutar del orgasmo al tiempo que ella tenía diez, pero cada vez, con más frecuencia me es negado, incluso superando esa cifra. La primera vez fue extraño, ella obtuvo un orgasmo largo y placentero, gozó como pocas veces, creo que desde ese momento y viendo el éxtasis que obtuvo decidió hacerlo más a menudo. ¿Y yo? Es extraño, pero también gocé, de otra forma pero goce, goce dando mi entrega, ofreciéndome por completo a ella, fue una sensación extrañísima y completamente nueva, incluso mi corazón se aceleró con su orgasmo, y horas después de su orgasmo aún me sentía fatigado como si yo hubiera eyaculado. No fue frustrante, diría yo más bien que dulce, se que ella va a disfrutar más, por eso en cada entrega me ofrezco con más ardor y pasión para que su placer sea cada vez de mejor calidad; ¡y sí!, se que a mi me los negará, pero no me importa, mi única meta es su placer, y en su placer encontraré yo el mío, ya no lo espero mi orgasmo, no me importa, bueno si me importa el tenerlo por accidente. Solo sé que yo busco con más ahinco no correrme, que cada minuto que paso sin ella mi mente solo hace que pensar en servirla, adorarla, complacerla y hacer que su vida sea lo más fácil posible, en la espera que en un momento ella alcance su orgasmo para mí ansiado y deseado como si fuera propio. Y ahora. ¿Cuando llegará el próximo?

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