viernes, 3 de abril de 2015

Sin erección

Ana no tenía intención de convertirse en una controladora de la castidad de su pareja.
Ella padecía una afección que le dificultaba la penetración algún tipo de vaginitis y por tanto con sus anteriores novios, comprobó que no le gustaba el sexo con penetración. Tampoco tenia ganas de realizar una felación a ningún tío. Pero ella quería casarse.
 ¿Cómo iba a encontrar a un hombre que aceptara el sexo en sus condiciones?
Leyó un artículo sobre la castidad masculina, de hombres cuyos penes se quedaban encerrados. Eso le sonaba prometedor. En realidad, la idea de hacer cumplir una estricta castidad la excitaba sobremanera. Ana estaba sorprendida.
El descubrimiento de su perversión fue una revelación liberadora para ella.
Se interesó del tema de la castidad masculina en internet vió que muchos hombres deseaban practicarla. Buscaban lo que ellos llaman "relaciones lideradas por la mujer." Mirando hacia dentro de sí misma, Ana se dio cuenta de que podría estar satisfecha en una relación a largo plazo y matrimonio sólo si fuera inequívocamente, ella la jefa. Un novio o esposo, que acepte sus reglas sobre el sexo le habían sonado bien.
Eso sería un plan perfecto para ella.
Conoció a un buen número de hombres. La mayoría no valían. Con unos pocos superó la primera cita y se reunió más veces. Finalmente conoció a Juan. Parecía como si fuera a ser un buen candidato. Juan la invitaba a cenar al menos dos veces por semana. Él siempre sostuvo su silla. Ella era quién pedía la comida también para él. Al final, él no trató de besarla. Él simplemente agradecía a Ana que le permita pasar tiempo con ella. Durante la cena, se habló de sus deseos y expectativas. Ella pregunto a Juan si tenía algún dispositivo de castidad. Hablaron del tema y él explicó que la castidad no tenía sentido si no estaba bajo el control y al servicio de una mujer. Su explicación razonable disipó sus temores. Después de tres meses, Ana le dijo que le daría una oportunidad. Tendría que pasar una prueba. Juan tenía que comprar un dispositivo de castidad, encerrarse y entregarle a ella la llave. Si su pene permanecía encerrado en el dispositivo de castidad durante un mes de forma continúa, pasaría al siguiente nivel. Emocionado - tuvo una de las últimas erecciones que él iba a tener durante bastante tiempo - Juan aceptó el reto de buen grado.
Ella fue a su apartamento dos días después de que Juan ya estaba encerrado en el dispositivo de castidad. Ella trajo un candado especial. Metálico de color púrpura, grabado con sus iniciales. Juan no podía quitarlo sin destruir el candado o el cinturón de castidad. Él no podría reemplazarlo. Ana comprobaría sin ninguna duda su verdadera fidelidad. Esta fue la primera experiencia de Juan en castidad. Al igual que muchos otros hombres, se encontró que era mucho peor de lo que esperaba. Tal vez si hubiera sido posible, haberla engañado. La angustia emocional de denegación del orgasmo hizo imposible para él quitar el dispostivo a la fuerza. Él quería más a su pareja que a un orgasmo. Él no trató de liberarse. Juan no podía compartir su secreto con nadie. Lo peor era el dormir, conciliar el sueño era muy difícil con las erecciones nocturnas. Algunas noches la calentura desesperada lo hizo llorar. Juan al cabo de varias semanas tenía ojeras, pero lo peor era la acumulación de semen, a pesar de llevar el dispositivo, eyaculó varias veces mientras dormía con el dispositivo puesto, era como si tuviera un orgasmo pero era un sueño y el semen si salió sin erección, ya que esta no era posible. Así pasó su primera prueba.
La segunda fue muy simple y agradable. Ana pondría a prueba su capacidad de satisfacerla sexualmente. Juan siempre había disfrutado de darle cunnilingus. Sus deseos de agradar y servir a una mujer le una, generoso amante muy atento con las mujeres con las que había salido se lo había hecho. Ana mostrando plenamente su hermoso cuerpo. Y el pene confinado de Juan luchó desesperadamente contra la jaula que le encierra. La frustración sublimada hizo de Juan un amante incansable, entusiasta. Una hora después, Ana decidió que Juan era una pareja que valía la pena mantener. Así desde entonces Ana y Juan han vivido juntos durante unos meses. Juan no ha tenido ni un orgasmo desde el inicio de su castidad. Él no sabe los planes de Ana'. Ella es la que decide cuando.
La idea de obligar a un hombre a permanecer perpetuamente casto la excita. Sin embargo, Juan necesita algunos recordatorios de lo que se sacrifica por la relación con Ana. Juan le encanta servir a Ana. Se enorgullece de mantener impecable la casa de Ana. Cada semana se entera de nuevas recetas para asegurar que nunca se cansa de su cocina. En casa de Ana, Juan debe tener siempre el dispositivo de castidad visible. Juan a veces sonríe cuando Ana lo mira. Ella nunca le oculta lo mucho que disfruta negándole orgasmos. Cuando ella está en casa Juan es muy cariñoso.
Seguros de que Juan no tiene expectativas ni realiza demanda de sexo, a cambio le gusta dar besos, abrazos carícias.
La negación permanente es difícil. Juan mantiene su silencio respecto a ese tema. Todas las decisiones que pertenecen a su amante Ana. Juan hace el amor con ella todas las noches. Ella ata sus manos detrás de su espalda. Entonces desbloquea su dispositivo de castidad. Sólo antes del sexo es retirado. Ana no le molesta ver el pene. Conociendo la frustración de Juan hace sus erecciones divertidas. A Juan le gusta besar y lamer las piernas y los pies de la Ana. Ella le dice a su chico que su lengua es su único órgano sexual real. Luego se inclina hacia atrás en su sillón favorito. Juan la lleva a orgasmos repetidos, hasta saciar completamente a Ana.
 Buscando variación, Ana ha encargado un Feeldoe. Ella no ha preguntado a Juan lo que siente por el sexo anal. Cuando llegó el Feeldoe, ella se lo puso. No sabrá lo que está pasando hasta que el juguete sexual penetra en el ano. Ella se ríe de sí misma; tal vez ella le gustaría una forma de relaciones sexuales con penetración.

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