miércoles, 8 de abril de 2015

Relato humillado y feminizado


Humillado y feminizado
Yo siempre he sido más bien tímido y un algo apocado, por eso siempre me he manejado mejor con libros que con gente.
En la Universidad estudié empresariales, con muy buenas notas, y obtuve un trabajo en un empresa multinacional muy buena. Quizás tratando de compensar mi timidez no toleraba discusiones con mis subordinados y hacía sin rechistar todo lo que decían mis superiores. Como soy trabajador y no soy tonto, ascendí de forma rápida y ahora soy el gerente "duro". Poca gente en la empresa sabe de mi timidez, pero durante mis primeros años mis jefes se aprovecharon y abusaron de mí y de mi trabajo. Pero creo que nadie ha explotado y abusado de mi timidez como Almudena. Almudena es mi esposa, llevamos siete años de casados y durante este tiempo se ha convertido en una verdadera tirana. Ya cuando éramos novios noté que a ella le gustaba tomar las decisiones y que era un poco mandona pero como yo soy tímido y apocado, pensé que haríamos una buena pareja. Además yo soy más bien pequeño (algunos hasta dirían esmirriado) y no muy agraciado así que me consideraba afortunado por tener una novia tan atractiva como Almudena. Esta tendencia mandona de Almudena se fue acentuando, más y más, después de casarnos. Empezó con cosas pequeñas cosas, ella decidía que programa veíamos en la televisión, cuándo salíamos a cenar, dónde ir de vacaciones... Poco a poco la cuestión fue escalando más y más, ella decidía qué coche comprábamos, quien conducía... Este afán de mandar pronto se reflejó en nuestra vida sexual. Almudena a sus treinta y siete años no esta mal. Es alta, mide uno setenta y cinco sin tacones, y aunque de joven era delgadita con un gran tipo, desde que nos casamos, poco a poco a ido cogiendo kilos. Ahora, si no gorda, desde luego esta maja, pero se mantiene ágil con las carnes duras y prietas. Tiene una melena cortita, castaño claro, no es muy agraciada de cara pero tiene un lunar grande en la mejilla izquierda que a mi siempre me ha gustado mucho. En los últimos años le esta saliendo algo de vello en la cara, sobre todo en el bigote, pero ella no se lo quiere depilar. Los kilos de más los ha puesto en buenos sitios y tiene unos pechos y un trasero... Cuando notó que empezaba a ganar peso decidió ir a un gimnasio. Empezó con aerobics y esas cosas, pero poco a poco fue progresando empezó a hacer pesas, ya lleva más de tres años haciendo pesas y ¡tiene unos musculazos! A ella no parece importarle sus kilos de más y se viste un tanto llamativamente con buenos escotes, y como además a pesar de ser alta, le gusta llevar tacones altos, cuando los lleva anda de forma firme, decidida, con buen garbo, pues cuando uno la ve por delante, los generosos pechazos bamboleándose en su generoso escote llaman la atención y vista por detrás... por detrás las caderazas suben y bajan, van y vienen de tal forma que los tipos por la calle se quedan mirando el hechizante contorneo como tontos. La verdad es que de sólo pensar en ella andando con su garbo, con sus piernas gruesas, fuertes, recias, enfundadas en unas medias negras con costura, moviendo y agitando los enormes cachetes, dentro de una falda estrecha, yo también me pongo excitado. Al año o así de hacer las pesas en el gimnasio me dijo que aquello le gustaba mucho y que quería cultivar su cuerpo, así que compró, sin consultarme, un equipo completo pesas, banquetas, esteras y todos los trastos apropiados y monto un gimnasio en casa. Muchas veces se ponía a hacer pesas vestida con un traje de baño o un bikini, según hacia las pesas ver aquellos musculares muslazos, reluciendo de sudor y el poderoso culote saliéndose del traje de baño me ponía a cien. Pero lo que más me excitaba es que a veces se ponía a hacer las pesas desnuda. El ver las tetorras bailoteando mientras "hacia" pectorales me excitaba mucho pero lo que para mi era increíblemente excitante era verla desnuda, en cuclillas, con los brazos extendidos, levantando las pesas por encima de su cabeza. Ver el sexo de Almudena totalmente expuesto, medio abierto por la postura enmarcado por los recios y enormes muslazos me volvía loco. En cuanto la veía así tenia que inmediatamente ir al cuarto de baño y masturbarme como un mono. Creo que esto bastará para dar una idea de lo mucho que me excita Almudena, la verdad es que esta bien buena. Pero volviendo al hilo; al cabo de un par de años de estar casados sin que yo pudiera decir cómo y cuándo, estaba claro que ella era la que mandaba en la casa. Su "jefatura" se extendía a todo hasta en nuestras relaciones sexuales. Empezó con que ella decidía cuándo y cuándo no, hacíamos el amor; paso a decidir el cómo y el dónde lo hacíamos. El siguiente paso fue exigir su satisfacción y de ahí llegamos a que ella me demandaba el sexo oral mientras ella siempre se negaba a hacérmelo a mi, ya no digo una felación, si no que se negaba incluso a tocar o acariciar mi pene. Esto progreso, así que al cabo de los años me exigía que le produjera orgasmos con mi lengua cuando ella le apetecía y aunque yo me excitara, una vez ella había tenido su orgasmo, se vestía y me dejaba a mi caliente y sin otra satisfacción que mi mano. Las cosas estaban así hasta que hace como seis meses, un sábado por la tarde yo estaba solo en casa y buscando algo en el armario abrí un cajón y encontré unas bragas negras, de encaje, de Almudena. Empecé a imaginarme aquellas bragas conteniendo el culazo de Almudena y me excitó muchísimo la idea. Hundí mi cara en las bragas y aspiré profundamente, pero estaban recién lavadas y no olían a nada. Sin saber muy bien porque, mientras la manoseaba y pensaba en las poderosas ancas de Almudena, se me ocurrió la idea de ponérmelas. Me desnudé y me puse las bragas. Inmediatamente que mi pene toco el suave encaje empezó a levantarse. Sin pensarlo mucho me puse unos zapatos de tacón alto de Almudena -ella calza el número 41- y empecé a pavonearme por la habitación medio cayéndome (debido a la falta de costumbre con los tacones altos) llevando la braga de encaje y mi pene casi rompiéndola con una tremenda erección. Una voz a mis espaldas me sacó de mi embelesamiento.
¡Hay que joderse! Yo ya sabía que eras un poco amanerado, pero no sabía que fueras una puta travesti. ¿Y quien coño te ha dado permiso para ponerte mis cosas? Yo, sorprendido, embarazado y avergonzado me quedé paralizado, mudo sin saber que hacer o decir. Por fin, mientras tartamudeaba me di la vuelta para ver a Almudena y dije: Al, al....., al..., Almudena. En ese momento ella debió de notar mi erección. Cabrito estas empalmado!. No, si igual la puta travesti pensaba correrse y manchar mis bragas. Pues eso no te lo consiento. Vas a aprender tu lo que es bueno. Tiró su bolso al suelo vino hacia mí, me agarró por un brazo y manejándome como si fuera un muñequito me llevó al lado de la cama. Ella se sentó en la cama, me dobló sobre sus rodillas, bajó las bragas descubriéndome el culo y empezó a azotarme con todas sus fuerzas (que eran muchas). Ya que te gusta hacer de puta yo te voy a enseñar. Lo primero que tienes que aprender es que no puedes coger mi ropa sin mi permiso. ¿Me oyes so guarra? Almudena, deja de pegarme ¡me estas haciendo daño! Pues claro que te hago daño. Ni se te ocurra decirme a mi lo que tengo que hacer, so puta. A partir de hoy yo soy tu ama y tu mi putita esclava. ¿Te enteras? Mientras hablaba, Almudena seguía azotándome yo estaba dolorido, humillado, avergonzado y me sentía impotente. Bueno impotente para poder parar aquella bestia muscular que era Almudena, pero no en el sentido sexual. Porque la azotaina no solamente no había quitado mi erección; al contrario, sin tocarme note una serie de espasmos, tuve un orgasmo y grité que me corría y eyaculé más que nunca. Mi leche salpico las medias de Almudena y la colcha. Además de putita... masoquista ¿eh cabrón? Te gusta que te pegue ¿eh? Pues lo primero que vas a hacer es limpiar mis medias con tu lengua, marrana!. Tirándome al suelo, se puso en pie y dijo: A cuatro patas, como la perra que eres. Después de la azotaina que me había dado el marimacho en que se había convertido mi mujer no tenia ganas de recibir más golpes, así que saqué la lengua y limpié sus medias. Te gusta que te pegue, ¿eh? pues que bien nos lo vamos a pasar tu yo ¡so guarro! porque a mi me da mucho gusto pegarte. Me ha puesto de un cachondo azotarte el culo que me tengo que pajear. Sin ningún remilgo se subió la falda hasta la cintura, se quito las bragas y empezó a refrotarse el clítoris y a meter dedos en su coño. Alberto estoy de un caliente, que no veas, anda putita mía chúpame el culo mientras yo me pajeo. Así diciendo puso su culo en pompa invitándome. Yo nunca le había chupado el culo, la idea me daba asco y me molestó esta ultima humillación, así que decidí poner las cosas en su sitio. No me da la gana chuparte el culo Almudena. ¡Joder con Almudena! Como una furia se vino hacia mi, con la falda por la cintura, sin bragas y las negras medias hasta medio muslazo, me dio tres bofetadas bien dadas. So mierda no se te ocurra volver a hablarme así o te arranco la piel a tiras. Tu haces lo que yo te diga y sin rechistar so marica o ¿es que quieres que te ponga la cara como te he puesto el culo?. ¿Todavía, no te has enterado de quién manda aquí? Sin más palabras apoyó la frente cabeza sobre la cama, se despatarró, separó sus cachetazos con ambas manos y exhibió su ojete. Yo sintiéndome terriblemente humillado después de la azotaina pero relajado y confuso después de mi orgasmo decidí evitar que me inflara la cara a leches chupando el culo de Almudena. Cuando había chupado y besado un poco Almudena dijo: Mete la lengua dentro, Alberto, no seas tímido, méte la lengua bien metida. Ya sé que llevas tiempo pensando que me quieres meter otra cosa en el culo. Algún día putita, algún día quizás te deje que metas la picha, pero ahora la lengua mamón, chupa. Seguí sus instrucciones y chupe y metí la lengua mientras ella se masturbaba en su clítoris. Por fin se tumbo sobre la cama y con grandes gritos tuvo varios orgasmos. Cuando Almudena se tranquilizó, dijo:
Mira Alberto, a partir de hoy vas a ser mi putita y mi sirvienta todo en uno. Vas a obedecerme en todo y cuando estemos solos haciendo cochinadas me vas a llamar Ama. Yo te voy a decir como te vas a vestir que me tienes que hacer y si eres muy buena, muy buena, y haces todo lo que te diga y me das placer, quizás algún día te daré mi culo. ¿Estamos de acuerdo? Nunca he tenido mucha fuerza de voluntad pero la verdad es que Almudena era mucho más fuerte que yo y no quería más palizas, además, el orgasmo que había tenido mientras me azotaba era el más intenso que recordaba. Así que dije: Sí, Almudena. ¡Plass! ¡Vaya una leche que me pegó Almudena con toda su fuerza! Sí ama, o sí mi ama. Sí, mi ama. Así me gusta putita, que aprendas rápido. Mira por contestar tan bien te voy a dar un premio. Almudena se desnudó por completo, me dijo que cogiera las bragas que se había quitado y me llevó al gimnasio. Allá en pelota picada se puso en mi posición favorita: En cuclillas, con los muslazos bien separados abriendo la flor de su sexo. Me puso delante de ella para que tuviera una buena vista de coño. Se puso a subir y bajar la pesas luciendo los pechos, el culo y el coño y mientras trabajaba con las pesas, jadeando dijo: Anda putita, que no hace falta que te vayas al cuarto de baño. Mira mi coño, huele mis bragas y mientras hueles y miras te haces una paja pero estate seguro de correrte en las bragas. ¡No me manches mi gimnasio! Gracias, mi ama. No se si fue el olor de las bragas, el tener primera fila mirando aquel coñazo o el masturbarme por primera vez delante de Almudena; sea la que fuera la causa, el hecho es que me corrí enseguida. Eso si, tuve mucho cuidado de poner toda mi leche en la braga. ¡Qué cerda eres, Alberto, ya te has corrido dos veces! Te gusta mirar mi coño ¿verdad? Sí, mi ama, me gusta mucho. Pues ven conmigo, que lo vas a ver como no lo has visto nunca. Dejó las pesas, me llevó al cuarto de baño, me metió dentro de la bañera mientras ella se ponía, de pie, a horcajadas, sobre mí. Con las manos separó los labios de su sexo y mientras yo miraba embelesado empezó a orinar duchándome a mí. Mira, ves mi coño, pues mira como te meo. Abre la boca putita, abre tu boquita de piñón. Yo como buena sirvienta, sin rechistar, abrí la boca y aunque no la tragué, sentí la cálida orina, recién salida de cuerpo de mi ama, en mi boca. Cuando acabo de orinar abrió la ducha y nos lavamos los dos. A partir de ese día mi vida cambió por completo. Mi ama me trata como a una esclava, me hace llevar un dispositivo de castidad para controlar que no me masturbe sin su permiso. Si hago alguna cosa mal me azota como si fuera una niña mala, me ha comprado un collar de perro y a veces me lo pone en casa me hace seguirla a cuatro patas como un perrillo faldero. Pronto decidió que puesto que había cogido sus bragas, bragas debería llevar y no calzoncillos. Me hizo ir a comprar unas cuantas bragas de seda con encaje y me hacía llevarlas debajo de los pantalones cuando iba a trabajar. La verdad es que a mí me gustó la idea y al principio casí me corrí pero el cinturón de castidad me lo impedía, simplemente el contacto de la seda sobre mi cuerpo y el morbo de darme cuenta de que yo, todo un gerente, llevaba bragas me gustaba. Había días que al llegar a casa Almudena me hacía quitarme la ropa, excepto las bragas, me ponía zapatos de tacón alto y mientras yo andaba y me contoneaba ella se masturbaba en el sofá. Decía que tenia un tipo muy majo y que por detrás, si no fuera por los pelos de las piernas, parecía una niña. A mí la idea de que, paseándome con bragas y tacones pudiera excitar tanto a Almudena me excitaba mucho, tanto que cuando mi ama terminaba de masturbarse yo le pedía permiso para masturbarme. Ella, caprichosa, a veces me dejaba y otras veces no. Como una bola de nieve crece, el juego fue
aumentando. Mi ama pronto decidió que "una putita tan fina como tu" no podía ser peluda, así que me hizo afeitarme la piernas y la ingle. A mí no me importa afeitarme las piernas, pero el escroto y el pene son un problema, a veces me corto, otras veces cuando salen los pelos forman granitos... pero el ama dice que tengo que afeitarme, así que me afeito. Una vez afeitada "la putita", el paso siguiente fue que mi ama me hizo llevar liguero y medias debajo de los pantalones. Claro está que llevaba calcetines por encima de las medias pero cuando llegaba a casa y me quedaba con liguero medias y tacones me daba un morbo enorme, y mi ama se volvía loca conmigo. Decía que tenía unas piernas preciosas y así afeitadas estaban aún mejor. Le gustaba tanto su putita con medias y tacones que una tarde cuando llegué me dio una gran sorpresa. Estaba con mis contoneos habituales y me ordenó que me quitara las bragas. Me quedé con liguero, medias y tacones, el ama estaba en el sofá, completamente desnuda. De pronto de debajo del sofá sacó un artilugio, era un arnés con varias correas y un gran falo de goma. Se puso de pie, se ató las correas y con un tremendo falo saliendo de su ingle me cogió en brazos, y manejándome como un guiñapo me dobló sobre el respaldo del sofá.

Yo noté como me metía unos dedos con algo húmedo en culo. Mientras con una sola mano en mi cuello me inmovilizaba sobre el sofá dijo: Aprende, jodía, aprende, hoy te convierto en mujercita, vas a ver lo que es bueno. Yo trataba de escabullirme, pero el tremendo marimacho me tenia acogotado. Por favor, ama, por favor por el culo no, que me va a doler. Almudena ni se molesto en contestar. Me dio unos azotes bien fuerte y poniendo el falo en mi culo con un empujón de su poderoso cuerpo me empaló. Tan fuerte embistió la fortachona que literalmente me levantó del suelo yo solté un alarido de dolor, miedo y angustia. Después de la brutal embestida mi ama fue muy dulce conmigo. Dejándome todo el falo dentro de mis entrañas me dejó descansar sobre el sillón y mientras acariciaba mis piernas y besaba mi nuca decía. Pobre putita mía, pobrecita que nunca se la habían follado hasta ahora. Ya veras, mi amor, ya veras, aunque ahora te duela te acabara gustando. Mira te voy a hacer una pajita. Cogió mi pene con su mano derecha y empezó a masturbarme. Al mismo tiempo empezó con un dulce y lento mete y saca del falo mientras ronroneaba. Sí, putita mía, sí, traga polla mi amor, traga. Hazte mujer, ay que culito tan rico y recogido que tienes, nada más te faltan una tetitas para volverme loca. ¿Te gusta putita, te gusta? Sí, ama, me empieza a gustar y me gusta lo que me haces en la picha mientras me das por culo. Pero cuidado con el culo, aun me duele un poco. Calla, putita, calla que ya se que te gusta que te haga daño. ¡Ama, me corro! Mi ama otra vez me empaló a lo bestia levantándome del suelo y mientras me mantenía recostado en su cuerpo siguió masturbándome. La sensación de reposar sobre el cuerpo de marimacho, tener el culo lleno con el falo y su masturbación fue increíble. Tuve un orgasmo bestial echando torrentes de leche a grandes salpicones que llegaron hasta la pared. Claro está que ahora que el ama me había hecho "mujer de verdad" quería hacerme aun más mujer. El viernes siguiente me regaló un sujetador bien relleno de espuma que era justo de mi talla. Cuando me lo puse y empecé a pasearme como a ella le gustaba con liguero, bragas, medias y tacones y ahora con el sujetador añadido mi ama se volvía loca de gusto. Qué fina y delicada que eres, putita. Qué guapa estas con tus tetitas. Tanto se entusiasmó con su putita tetuda que sin poderse contener cogió aquel falo se lo metió en el coño y se masturbó con él como una posesa mientras me pedía que le chupara las tetorras o que le enseñara mi culito de puta fina. Claro esta que después de tener un par de orgasmos, se puso el arnés y me empaló a lo bestia. Me puso a cuatro patas en el suelo y me la metió hasta el corvejón. En vez de la dulzura de días antes, ahora me estrujaba los huevos, mordía el cuello y me daba azotes hasta que se hartó de romperme el culo. Acabó el festejo llevándome al cuarto de baño y orinándose sobre mí. El sábado por la mañana me dio otra sorpresa. Sacó un vestido que había comprado para mí y dijo que nos íbamos a ir de compras juntas. Yo le dije que me daba mucho miedo salir vestida de mujer que me podría reconocer algún conocido o peor aun, alguien del trabajo y sería una vergüenza enorme. El ama sin ningún comentario me puso sobre sus rodillas y me dio una sarta de azotes. No discutas conmigo, putita. Además, con tu sostén, tacones, vestido y una peluca y gafas de sol que te he comprado vas a estar guapísima y nadie te podría reconocer. No me quedó más remedio que hacer lo que mandaba el ama. Ella me enseñó a maquillarme, pintar párpados, labios, poner colorete. La verdad es que cuando me puse el vestido y la peluca y me miré en el espejo... ¡era una chica muy fina! El ama me miró y dijo: Estas guapa, putita, pero el vestido te queda un poco grande, por eso es por lo que salimos juntas. Así es que por primera vez salí a la calle vestida de mujer. Con las gafas de sol grandes de mujer puestas recorrimos varias tiendas y, o nadie notó nada, o la gente era muy discreta. Mi ama me compró unos zapatos negros preciosos, con un tacón altísimo, casi el doble de los que usa ella. Claro que yo tengo las piernas más finas y delicadas que ella.
También me compró varias medias negras con costura, un par de minúsculas braguitas negras con encaje blanco, sujetador haciendo juego.  Yo pregunté un par de veces por qué comprábamos todas esas cosas. El ama me dijo que me callara y cuando volví a preguntar me agarró un tremendo pellizco y apretó con tal fuerza que tuve que hacer grandes esfuerzos para no chillar en medio de la tienda, aunque no pude contener las lagrimas. Además por internet me había comprado un uniforme de doncella bloqueable. El uniforme es muy bonito, negro, faldita corta y bastante escotado, se acompaña de una cofia blanca.También me compró una peluca morena. Una vez en casa me dijo teníamos planes para esa tarde. Mira putita, quiero que te afeites con especial cuidado, que te pongas cremas retardantes para el crecimiento del vello, y para que tengas la piel más suave del mundo. Perfúmate y ponte tu uniforme de doncella quiero que estés lo más guapa posible. A las seis espero una visita. Quiero que hagas de doncella. No solo de doncella quiero que hagas todo lo que yo te diga. Todo, todo, sin rechistar, dudar ni protestar. Como no obedezcas en el instante no solo te mato a palos, te echo a la calle y no me vuelves a ver. ¿Me entiendes sirvienta? Sí, ama, te entiendo. Mira putita que esto es lo más importante que te he ordenado hasta ahora. ¡No me falles! No, mi ama, no fallaré. Todo, todo, todo sin rechistar. Sí, mi ama. Me bañé, me afeité por todos lados, me puse cien cremas y lociones, me maquillé, pinté los labios, puse la lencería nueva, las medias, el uniforme, los zapatos y la cofia. Me miré en el espejo y la verdad es que estaba atractiva. Las piernas las tengo bonitas y bien afeitadas, con las medias y la falda del uniforme llegando nada más que un palmo por encima de las rodillas más que atractiva estaba de lo más incitante. A las seis menos cuarto había acabado con mis arreglos. Salí del dormitorio, en el cuarto de estar estaba Almudena. Ella también se había arreglado y me bloqueó el uniforme de doncella con un candado pequeño en la cremallera por la espalda. Ella también estaba bien maquillada, los labios casi morados, con un vestido de terciopelo rojo oscuro, muy escotado, largo hasta los pies, con una gran abertura en un lado. Aunque se la veía sólida y hasta corpulenta, la verdad es que quedaba muy atractiva. El vestido, bien ajustado, realzaba sus grandes pechos y su magnifica grupa. Estas muy guapa putita. Todo el mundo me va a envidiar mi doncellita. Gracias, ama. Recuerda, putita, obedeces en todo, sin dudas ¡no me hagas quedar mal! No se preocupe ama, que obedeceré ciegamente. En ese momento sonó el timbre de la puerta. Vete a la cocina putita que abriré yo. Me fui a la cocina y desde allí escuche voces y risitas. Una voz era de hombre, mejor dicho un vozarrón era de hombre. A los pocos minutos vino Almudena a la cocina. Tráenos una ginebra con tónica y un jerez. Recuerda, obedece y calla. Sí, mi ama. Yo estaba de lo más intrigado con tanto énfasis y secreto, pero sabía que pronto se acabaría el secreto. Puse las bebidas en una bandeja y me encaminé al cuarto de estar. Primera sorpresa, andar con tacones altísimos y llevar bebidas en una bandeja ¡no se aprende en un día! Segunda sorpresa con la que casi tiro la bandeja y todas las bebidas. En el cuarto de estar había un tío enorme, grande como un armario, que sentado en el sofá le había sacado una teta a Almudena y se la estaba mamando. La muy guarra no solo se dejaba hacer si no que le estaba sobando la entrepierna. Tosí discretamente. Ah, Carlos, mira, esta es la doncellita de que te he hablado: "Alberta". Carlos dejó la enorme teta de Almudena colgando fuera del vestido y me miró como un ganadero puede mirar a una vaquilla. Quizás un poquito menuda y delicada pero sí que es guapita, sí. Yo serví las bebidas en la mesita de café. Al inclinarme noté la manaza de Carlos por debajo de mi falda. Di un pequeño respingo pero me acordé de mis instrucciones y no dije nada. El muy cabrón dijo: Sí que tiene el culito suave y recogido, sí. Yo viendo a la golfa de Almudena con una teta colgando, sobándole la ingle a aquel tío, mientras él me metía mano por debajo de la falda me puse de lo más incomodo y cabreado. Hice grandes esfuerzos por contenerme. Poniendo mi voz más dulce y aflautada posible dije: Si la señora no manda nada más me retiro. No seas impertinente, Alberta, habla cuando te hablen. Quédate aquí. Yo me quedé como un pasmarote mientras los dos después de beber un poquito de sus bebidas volvieron a su besuqueo y sobeteo. La verdad es que era la leche estar delante de mi mujer mientras la muy puta se magreaba con aquel cabrón. Hablando del cabrón, me había parecido grande, pero en realidad era enorme. Sus hombros eran dos veces la anchura de los hombros de Almudena y las piernas eran más largas y más gordas que las de Almudena. Mientras yo miraba, Almudena se levantó y sin importarle que yo estaba allí se quitó el vestido. La viciosa no llevaba sujetador, así que se quedo únicamente con las bragas y los zapatos. Sin ceremonia le quitó la chaqueta y la camisa a Carlos, aflojó su cinturón, abrió la bragueta sacó la polla y sin palabras se la metió en la boca y mamó como loca. Yo estaba alucinando. El ver a Almudena de espaldas a mí sacando su maravilloso culazo mientras chupaba la verga de otro tío delante de su marido era demasiado. Pero ¡que tío! Almudena tiene buenos músculos pero el tal Carlos los tenia el doble; el pecho era un enorme triangulo con músculos saliendo como tallados a cincel. Mientras yo estaba boquiabierto, Carlos se levantó y se desnudó por completo. Tenia unos muslos como cuatro veces los míos, pero los muslos no eran nada comparados con la tranca. Ave María Purísima ¡que tranca! Con los chupeteos de Almudena se había puesto bien tiesa y aquello era un monstruoso as de bastos más que un pene. Mientras yo la miraba con incredulidad Almudena dijo: Mira Alberta, mira que músculos, ¡que verga! Hace un año que conocí a Carlos en el gimnasio y desde entonces me folla como un salvaje. Mira Alberta, ¿verdad que no te sorprende que este nabo buenísimo me vuelva loca? Estoy enviciada con este nabo. Me hace falta a todas horas. Ven aquí toca Alberta toca. Yo mire a Almudena con sorpresa. ¿Me estaba pidiendo que cogiera la verga de un tío en mi mano? Ella con un gesto imperioso resolvió mis dudas. Cogí la verga de aquel gigante, no la podía abarcar con una sola mano a duras penas bastaba con dos manos. Era dura y poderosa. ¿Que te parece Alberta? Es muy... grande y dura señora. No solamente es grande, tiene un sabor... de maravilla. Anda chúpala, Alberta, ¡chúpala! Yo me iba negar a hacerlo pero la mirada de ira de mi ama y la patada en un tobillo me recordaron que tenia que obedecer. Me incliné sobre aquel falo de leyenda y sujetándolo con ambas manos lamí el enorme capullo. Métetela en la boca, Alberta, verás que buena está. Con un gran esfuerzo conseguí meter algo de aquel descomunal ariete en mi boca. Mientras chupaba, Almudena con mucho desparpajo metía una mano debajo de la falda y mientras me acariciaba el culo decía: Ay que culito tan recogido y tan suave tienes hija. Carlos, cabronazo, que bien te lo vas a pasar. Yo levanté la cabeza para hacer una pregunta pero antes de que pudiera decir nada Almudena dijo: Qué verga ¿verdad? No te extrañara que este cacho de carne gloriosa me vuelva loca ¿eh? Seguro putita que tu entiendes mi fascinación por esta tranca maravillosa. Mira, putita mira que bien jode. Sin más preámbulos se quitó las bragas y ella sola se ensartó la descomunal verga en su sexo. Enseguida empezó a chillar y mientras cabalgaba decía qué grande era la polla, qué gusto que le daba, como la sentía dentro, dentro y que Carlos tenia la mejor verga del mundo. En menos de cinco minutos estaba aullando pregonando al mundo su intenso orgasmo. Cuando aun estaba chillando y jadeando, Carlos se levantó del sofá y, en una exhibición de fuerza, puso un brazo alrededor de la cintura de Almudena y levantándola como a una pluma, la llevó junto a la mesa camilla, de un empujón la dobló sobre la mesa, boca abajo, dejándole el glorioso, enorme y macizo culazo de mi ama bien expuesto. Carlos escupió en su mano y aplicó la saliva en el ojete de Almudena. Carlos, no por favor, no me des por culo. Me vas a desgraciar con tu vergón. No, no me des a mí. ¡Dale a Alberta! Carlos sin inmutarse le dio unos azotes con gran fuerza y dijo: Calla, putorra, que siempre protestas y luego te encanta. Yo miraba transpuesto, como hipnotizado. No podía creer que la fuerte, muscular y dominante Almudena, mi ama, fuera manejada como un guiñapo, dominada, azotada y estuviera suplicando, implorando y gimoteando; pero la verdad es que Carlos era descomunal y poderoso, un verdadero coloso. Carlos puso algo de saliva en su gigantesca verga y poco a poco, recreándose en su potencia y vigor la introdujo en el enorme y glorioso culo de Almudena. Almudena durante unos momentos crispó sus manos en el borde de la mesa, puso ojos como platos y se quedó sin respiración, Cuando, por fin, consiguió respirar, grandes lagrimones corrían por su cara pero ella me miro y, con orgullo, dijo. Mira, putita, mira y aprende como toma por culo una mujer de verdad, mira como me rompe el culo ese vergón de gloria. Mira como goza la bestia de Carlos. Aprende, putita aprende, porque al principio duele pero al final... al final es pura gloria. Cuando Carlos acabe conmigo te va a ensartar a tí. Yo ya me temía algo así. Viendo a mi ama, con un culazo el doble de grande que el mío, ensartada como una aceituna por el atroz instrumento de aquel gigante, su rictus de dolor y los lagrimones corriendo por sus mejillas me aterrorizó. Pero al mismo tiempo me fascinaba. Poco a poco Carlos incrementó el ritmo de su mete y saca, Almudena ahora se movía con él y ella sola, empujando contra la mesa camilla, se empalaba con violencia en la desmedida estaca. Carlos la animaba: Lo ves, putorra, siempre te quejas y luego tomas por culo como una diosa. Goza, gorrina, goza de mi verga. Me das un gusto con tu culote. Goza, ramera, goza mientras te rompo este culo glorioso que tienes ¡so maciza!. Mientras así decía le daba tremendas embestidas con su pelvis y el marimacho fortachón que era Almudena no solo aguantaba, tomaba y tomaba sino que, hasta ella misma, con sus movimientos se ensartaba en la verga de aquel bárbaro. Por fin Almudena empezó a gritar enloquecida, desvariando, perdido el control y la cordura: Me matas, cabrón, me estas matando con esa tranca, pero qué bueno, te noto dentro de mí desgarrando mis entrañas. Dame, cabrón, dame sin piedad. Quiero toda tu polla ese vergón es todo para mí. Jode mi culo hambriento con toda tu fuerza. ¡Jode mi culo de puta viciosa! Jódelo como nunca lo has jodido. Me voy a correr, me voy a correr. Hasta los huevos, Carlos, méteme esa verga de ensueño hasta los huevos. Sin compasión, rómpeme en dos, destrózame. ¡Mátame con ella, Carlos, mátame! Me corro, Carlos, me corro. Dame toda tu leche Carlos ¡dámela! Por fin con un gran aullido Almudena tuvo una serie de orgasmos que como espasmos agitaron su cuerpo. Casi al mismo tiempo Carlos aúllo, se corrió y cayo sobre la espalda de Almudena. Yo quería irme, aterrorizado por aquel épico follar de gigantes; pero mis piernas no me obedecían y permanecía paralizado, hipnotizado, mirando aquellos dos cuerpos a cual más atlético a cual más muscular, a cual más fuerte, a cual más deseable. Por fin Carlos se irguió y poco a poco sacó su tranca imperial del trasero de Almudena. Viendo al tío así, fuerte, poderoso, desnudo, de pie, su piel reluciendo con el sudor, con todos los músculos marcados como si una lamina anatómica fuese y con el inmenso falo, enhiesto, furioso y amenazante, me fascinaba. Parecía un dios griego, bello, poderoso, sexual. Poco a poco Almudena se irguió también y dijo: Anda putita mía, ¿no ves como esta de sucia la polla de Carlos? ¡Límpiale esa gloria nacional con tu lengua! Yo, como en trance, me arrodille delante de Carlos y como pude chupé, lamí y limpié aquel impresionante instrumento de placer. Era mi primera picha, pero ¡que picha! Carlos puso su mano sobre mi cabeza y medio me acariciaba medio me empujaba para meter su enorme pija en mi boca. Por fin Almudena se acerco a mí y dijo: Ven, putita, ven. Le he prometido a Carlos que le sacrificaba tu culo de puta fina. Él esta como loco por probarlo. Ven y no dejes mal a tu ama. Me puso sobre la mesa camilla en la misma postura que ella había estado antes, boca abajo, con el cuerpo sobre la mesa. Levanto la falda de mi uniforme y me quitó las bragas nuevas. Separó los carrillos de mi expuesto culete y arrodillada tras de mí, con una dulzura inusitada en ella, comenzó a darle besos y lamer mi culo, después metió su lengua profundamente y tiernamente decía: Animo, putita, se fuerte, veras que gloria da el vergón de Carlos. Al principio duele, pero luego... Yo temblaba como una hoja al viento. No se si de miedo, de excitación o de qué. Con cuidado mi ama puso un lubricante en sus dedos y los metió en mi culo. Metió y sacó, dilató mi esfínter y, al cabo de unos minutos, cuando consideró que estaba listo, chupó con vicio y glotonería la verga de Carlos y dijo al gigante: Con cuidado, bestia, no me vayas a desgraciar a mi putita. Carlos apoyando la punta de su lanza contra mi culo dijo: Sí que tiene un culito chiquitín y respingón. Gracias, Almudena, me lo voy a encular con mucho gusto. Almudena corrió al otro lado de la mesa camilla, y tumbándose sobre ella puso su cara frente a la mía y sus manos sobres mis hombros. Empezó a acariciarme y consolarme. Carlos, lento pero seguro, ponía presión en mi culo y comenzaba a hundir su enorme pistón. Yo sentí como si un cuchillo al rojo vivo me desgarrara y abrasara las entrañas. Sin poderme contener aullé de dolor, angustia y desesperación. Estaba sin poder respirar, aterrorizado, gimoteando, implorando, suplicando a mi ama que parara aquella tortura. Almudena me acariciaba la cabeza y los hombros. Aguanta, putita, aguanta. No me llores, ya veras que delicioso acaba siendo. Acuérdate de mí, de cómo he aguantado yo, sé una mujer de verdad. Acoge el vergón de Carlos en tu cuerpecito de puta. Sí, vida, así, así aguanta. Tómala entera, hasta dentro putita, cuanto más dentro más puta eres, así, así. Poco a poco el hierro candente fue desapareciendo, las sensaciones de desgarro y presión también se fueron, Carlos metía y sacaba su descomunal instrumento con un ritmo continuo y yo empecé a notar como una onda de relajamiento y laxitud invadía mi cuerpo. Lo ves, putita, lo ves por que quería yo que gozaras de esta picha gloriosa. Esta picha de Carlos es un tesoro de la humanidad. ¿Ves qué bueno que es? Goza Albertita, goza con mi regalo, siéntete mujer de verdad. Goza de la polla de mi amante en tu culo. ¿Ves cómo te quiero?, te he traído como regalo la fuente de mi placer, la picha de mis sueños. Goza de esta picha imperial dentro de tus entrañas, goza de mi regalo. Carlos, ¡no seas bestia! ten cuidado y no me rompas a mi putita que me hace mucha falta, con cuidado, así, así. Una gran paz invadía mi cuerpo yo me abandoné al placer de ser usado, de ser poseído, de ser gozado por aquel coloso, de ser una puta completa, de entregar mi culo y de recibir el cariño, las caricias y el consuelo de mi ama, Almudena. Ella al ver que me tranquilizaba y dejaba de sufrir dijo: Goza, pequeño goza. Ahora veras qué bien te lo pasas. Ya verás cómo te envicias y acabas pidiendo más y más verga. Ya lo sé yo que vas a ser una viciosa de verga. Mira, como premio a lo bien que aguantas te voy a dar aun más gusto. Poniéndose bajo la mesa mientras la inmensa verga de su amante, entrando y saliendo cual gigante embolo, destrozaba mi culo ella con cariño y vicio chupo mi picha. ¡Qué delicia! El vergón colosal rompiendo mi culo y la boca de Almudena mamando y chupando mi humilde polla. Lo único que pude hacer en un susurro, suspirando, fue decir: Gracias, mi ama ¡Gracias! Con los más profundos espasmos de mi vida, tuve un violento orgasmo y mi ama chupó y tragó toda mi leche. Carlos no me dio tregua ni cuartel. Con su ariete siguió perforando mi puerta trasera sin piedad. Mi ama le chilló: Acaba, Carlos, acaba, que si no me matas a la putita. Carlos aceleró sus brutales enculadas y por fin sentí como derramaba su cálida y abundante semilla en mis entrañas. Carlos dio un grito y calló derrumbado al suelo. Almudena, guarrona, tenias razón. El culo de tu maridito es el mejor culo que he tenido nunca. Qué apretado que está y que suave es la piel de tu putita. Qué gustazo sentirlo apretando mi verga. Hoy ya estoy exhausto, pero quiero repetir, quiero joderme otra vez a esta puta. Quiero destrozar a tu doncellita. Almudena salió de debajo de la mesa y besándome dijo: Estoy tan orgullosa de ti, putita, qué bien has aguantado, qué bien, qué bien. Tu también puedes estar bien orgullosa has tomado por culo como una reina. Y ¡vaya verga que te ha empitonado! Te lo digo yo que he visto muchas, desde hoy no le tienes que tener miedo a ninguna verga ¿Has gozado, pequeña? Mucho, mi ama, he gozado mucho, gracias por tanto dolor y tanto placer. Después de esa tarde maravillosa mi ama me exhibe en publico más a menudo. Me compra ropa muy atractiva, comparte sus amantes y hasta a veces pienso que los encandila y retiene prometiéndoles el culo de la puta de su marido. Hacemos muchas cosas. Un juego que le gusta mucho es que vayamos juntas a clubs de lesbianas y hacer "tortillas" allí en publico. Más de una vez hemos traído una tortillera a casa. A las lesbianas les encanta el corpachón fuerte y muscular de Almudena y se dejan dominar por ella hasta el punto de aceptar mi picha en alguno de sus orificios. A veces a traído a dos y tres tíos a casa y me puesto loco de chupar y tomar por culo. La semana pasada trajo a cuatro tipos del gimnasio. Ninguno era tan grande como el bárbaro de Carlos. Pero todos ellos eran fuertes y tenían instrumentos bien respetables. Me dejaron hecho unos zorros. Como me dieron los muy bestias, aun ando raro de como me desollaron los animales. Pero mi fuente de placer sigue siendo mi ama. Disfruto cuando me azota y me humilla. Yo hago lo posible por complacerla, hago siempre lo que ella manda. Siento no tener tetas par poder complacerla. Hasta he pensado hacerme una operación y poner unos implantes. Pero mientras trabaje no puedo hacerlo. El gerente "duro" no va a sacar tetas de un día para otro. De todas las cosas que hacemos, lo que más me gusta es que muy de vez en cuando, si me he portado muy bien, como premio Almudena me azota hasta que lloro, luego me encula con su falo y me humilla con su ducha dorada. Después de ducharnos, mi ama, totalmente desnuda y aceitada para que reluzca su piel y destaquen los músculos empieza a hacer pesas en cuclillas. Verla así, exponiendo, solamente para mí, su sexo glorioso enmarcado por los poderosos muslazos, abriéndose y cerrándose con el sube y baja, me produce una erección casi instantánea. Tan pronto como estoy empalmado Almudena deja las pesas y a cuatro patas me la chupa y después me deja encularla. ¡Qué gozada! ensartar el poderoso culote de ese marimacho vicioso que es mi ama. Eso... ¡Eso placer!. Bueno pues este es el ejemplo de mi teoría. Uno puede tratar de ocultar y compensar pero al final todo acaba en su sitio. Yo tímido y apocado, en la empresa puedo aparentar ser el gerente "duro" pero de alguna forma la "gravedad" me ha puesto en las garras de Almudena que me ha transformado en lo que de verdad soy: ¡una dulce, obediente, sumisa y viciosa sirvientica..

7 comentarios:

  1. que caliente estoy me Gustaria estar en supuesto pero yo tengo te titas

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  2. me gustaría ser Alberta

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  3. Mmmmmmm!!!
    ¡Que bueno!!!
    Que ricuraaaaa!!!!!
    CD Mónica

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  4. Uff, que excitado!!! Me dejaria hacer de todo por esa mujer

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  5. yo me dejaria hacer de todo si alguna me viste completa de mujer

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